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DE MOMENTO, ALIVIO

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DE MOMENTO, ALIVIO

FC TORREVIEJA, 2; OLIVA, 0

No habría querido uno ocupar el pellejo de los futbolistas salineros —amén de que bastante tiene ya con el de seguidor— en el descanso de este partido. Se repetía la historia, corregida y aumentada, de otras recientes y desafortunadas tardes en nuestro estadio municipal, después de una primera parte más que aceptable de juego ofensivo —precisamente lo que se pedía— al que volvió a faltar la corona del gol. Lejos de especulaciones, los torrevejenses salieron a marcar; y cuanto antes, mejor. Pero al llegar el intermedio con el amenazador cero a cero, y habiendo asomado las temidas vicisitudes, empezaría a dar vueltas hasta la mente más despreocupada. Aunque todavía no se querían nombrar, por el runrún de los aficionados —algún día habrá que estudiar y catalogar los sonidos de la grada, tan explicativos— se barruntaban nuevas penurias. Huelga subrayar lo conocido, por todos, del cariz que había tomado el asunto.

Y no sería por escasez de oportunidades, que asimismo se concentraron en el cuarto de hora inicial. Ángel Iván, por la banda derecha, llevaba el grueso de las operaciones, tras recibir buenas aperturas de los pivotes. Los centros no encontraban rematador, pero se seguiría porfiando. Como no se abusaba de esta modalidad, también por en medio los de Cabezuelo lograron combinaciones destacables y dignas de una recompensa que, pese al innegable empeño, no se recogía. Además de la volea que constituyó la mejor ocasión en este periodo, Córcoles recibió o se encontró varios balones en el área de espaldas a puerta, pero no pudo revolverse a tiempo y los defensores valencianos se las apañaron. Con el transcurso de los minutos, el Oliva, que esperaba con los once hombres en su campo, destruía con mayor facilidad las acciones del rival —cierto es que porque éstas se hacían más previsibles— anticipándose para cortar las diagonales largas, tan abundantes como imprecisas. Así que la efervescencia del principio, lenta pero inexorablemente, se agotaba sin fruto, completando las cuatro horas de sequía casera; y los cerebros transmitían la creciente ansiedad a los músculos. Igual, igual que esas otras veces. Ya teníamos de nuevo la burrica en el trigo.

Comenzó la segunda parte con idénticas intenciones por ambos equipos. Por fortuna, pronto se despejaría una de las incógnitas trascendentales, de las que quitan el sueño: el Torrevieja, si bien con una considerable «ayuda» de Toni, hizo diana. En tales circunstancias, surge la pregunta: ¿qué habría sucedido si el portero se hubiera estirado en el instante adecuado (para él)? Pues que, seguramente, habríamos sufrido bastante más. Sin embargo, lo mismo podríamos haber preguntado, a la recíproca: ¿qué habría sucedido si se hubiera culminado una de las oportunidades generadas, incluso de anteriores partidos? Pues que, seguramente, habríamos sufrido bastante menos, en éste o en otros compromisos. El caso es que el balón entró, que ya iba siendo hora, y mucho que lo habíamos merecido. Y con mucha rabia que se celebró; no era para menos.

Para alcanzar la tranquilidad era necesario aumentar la cuenta. A ello se aplicaron los locales, sin desmayo pero también sin puntería, durante la siguiente fase del encuentro. El Oliva, que amagaba entonces con presionar en terreno adversario, continuaba sin acercarse a Iván Vidal, que se limitaba a recibir, para despejar a continuación, pases retrasados de sus compañeros. Es el inconveniente añadido de soportar distintas variantes de recuerdos frescos negativos: del miedo a no marcar se pasó al miedo a encajar, por cualquier carambola, el empate. Aunque un espectador neutral habría concedido una irrisoria probabilidad a los de Fenoll, sólo con ver que éstos adelantaban las líneas y movían un poco el balón se alteraba el ánimo de la parroquia, como demostraba el correspondiente rumor. Ni siquiera la expulsión —absurda, por protestas reiteradas— de Carles rebajó la tensión. Para colmo, la única ocasión visitante se produjo en el penúltimo minuto, justo antes del epílogo del partido, que fue el segundo tanto. Bienvenida la tranquilidad y que sea definitiva. Falta va a hacer.

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