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OTRO CARTUCHO QUEMADO

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OTRO CARTUCHO QUEMADO

VILLARREAL B, 2; TORREVIEJA, 0

Sucumbir en Villarreal, como en Burjasot, ni es un desdoro ni se puede considerar una sorpresa. Sucumbir en Villarreal, como en Burjasot, de forma tan extraña y semejante, nos preocupa. Sucumbir en Villarreal, como en Burjasot, con el bólido que nos persigue y que tenemos ya casi a rebufo, nos preocupa mucho más. La victoria contra el Oliva, equipo que se debate con más pena que gloria por salvar la categoría, significó un bálsamo eventual, como el medicamento que aplaca los síntomas sin erradicar la enfermedad, si es que hay tal. Pero en el último choque de trenes que nos deparaba el calendario del grupo —ahora quedan otros cinco choques con máquinas de menores tonelaje y velocidad, aunque acarrean igual riesgo de descarrilamiento—, la imagen ofrecida por el Torrevieja distó bastante de la que le hemos visto y de la que desearíamos verle en el tramo final del torneo.

Había presenciado, y tomado buena nota, Antonio Cabezuelo el encuentro que enfrentó a villarrealenses y noveldenses, y que se decidió a última hora a favor de los visitantes. Pretendía aplicar la misma receta, anulando las acometidas amarillas a la espera de una acción inspirada. Córcoles, único delantero, luchaba sin muchas posibilidades de recibir envíos en profundidad, aunque esporádicamente se vería bien acompañado en las combinaciones. Los de Ángel Pedraza, que tampoco pisarían el área contraria en la primera parte, amagaron alguna triangulación interesante, que, de haber prosperado, se habría convertido en jugada de gol. La defensa salinera se desenvolvía al filo de la navaja, abortando in extremis, o con ayuda de los rebotes, peligrosas escapadas hacia Iván Vidal. No obstante, éste apenas hubo de intervenir antes del descanso, con lo que estuvo tan tranquilo —en cuanto a tocar el balón, que no en cuanto a mirarlo cerca— como su homólogo Nico, que tuvo que emplearse para desviar a córner un golpe franco directo ejecutado por Diego Meijide. Aun con tan escaso bagaje ofensivo, al menos se mantenía la igualdad, con lo cual los planes se iban cumpliendo. Pero flotaba en el ambiente la duda de qué ocurriría si el que inauguraba el marcador era el Villarreal B. La duda se resolvería muy pronto.

Porque claro, de nada sirve el decoroso papel de la primera mitad si la obra se viene abajo en la segunda. Sufrimos el enésimo calvario en una segunda parte. Todo empezó a fallar a los ocho minutos, por el empeño en tocar en corto en las proximidades del área con adversarios encima; el definitivo rebote favoreció a un certero Fuster. En esta situación debía el Torrevieja disponer de un repertorio suficiente como para responder al contratiempo. Se notó entonces otra actitud, en especial después del triple cambio —no exento de riesgo, por una hipotética lesión posterior— a falta de casi media hora. El Villarreal B, controlando el tiempo, se dedicó entonces a verlas venir. Varios despejes del portero y otros tantos cortes de pases intencionados mantuvieron las cosas como estaban. Como Roberto Carlos acusaba el esfuerzo de subir al ataque, por la banda izquierda Jesús Rubio y De la Bella armaban de inmediato los contragolpes locales. Para colmo, las noticias provenientes de Puzol —mala señal estar pendientes de otros campos— desazonaban todavía más a los seguidores desplazados de nuestra localidad: se confirmaban los peores barruntos, las cábalas más pesimistas.

Acabado el Torrevieja de desarbolarse, hasta el extremo de pasarlas canutas con simples lanzamientos largos desde la zaga villarrealense, las ocasiones iban anotándose una tras otra, haciendo que el recuerdo —y el temor— se trasladara al Viernes Santo. Sentenció De la Bella, cuyo gol, en plena efervescencia, fue comparado por algún cronista con el ya legendario de Messi, que por la noche jugaría en la misma ciudad. Tampoco hay que pasarse, reconociendo tanto la espléndida factura de la carrera y del disparo como el pasillo libre de obstáculos que recorrió. La cuenta terminó en dos como podía haber terminado en más. Esta batalla se perdería irremediablemente.

Ya conocen ustedes el epílogo: tomando una determinación difícil y discutida, la directiva del Fútbol Club Torrevieja destituyó al entrenador, por la racha de resultados negativos y tratando de dar un revulsivo al equipo. Sólo el tiempo —poco más de un mes— dirá si tal decisión, a falta de cinco jornadas para la conclusión del campeonato, ha sido acertada. De momento, sólo podemos desear —fervientemente— que lo haya sido. En un trance amargo como el presente, hemos de recordar el trabajo de Antonio Cabezuelo en la entidad: recondujo la temporada anterior en una segunda vuelta muy comprometida; en la actual, lo mantuvo en el segundo puesto durante bastantes semanas y, hasta hoy, con cuatro puntos más que el quinto. En fin, que esto ha sucedido así. Suerte para Rojo en su futura trayectoria profesional. Y, por supuesto, para el nuevo técnico salinero.

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