Torrevieja 3-1 Eldense
Ya sabemos a qué atenernos
Como siempre que el mes de enero consume sus últimos días —anunciando el final de una cuesta que estos años no hace sino empinarse aún más—, los equipos de Tercera División toman la configuración definitiva de cara al resto de temporada. Después de ser estudiadas las condiciones, y de los subsiguientes tiras y aflojas por si procede cambiar de aires, al expirar el plazo federativo todos saben dónde y cómo van a estar. Así que la época de los posibles proyectos deja paso a la de las inmediatas realidades. No es la primera vez, ni mucho menos la más traumática, que en el Torrevieja, por estas fechas, no continúan los mismos jugadores que fueron fichados en verano. No habrá que incidir en el motivo, por repetido. Sencillamente, se va a equilibrar el presupuesto y también, dentro de lo que cabe, la plantilla. El número de puntos acumulados —cuarenta y tres con la reciente victoria, qué importante y qué bien nos ha venido— hasta hoy deja muy lejos el descenso, peliagudo trance contra el que hubo que bregar de firme en la pasada campaña. Ahora, el principal objetivo es asegurar la permanencia; luego, quién sabe... De momento, han terminado esas jornadas de dudas, de incertidumbre, de no saber si aquí o allá. Con lo que tenemos, que no es poco, miraremos hacia delante. Y a ver hasta dónde llegamos.
Por supuesto, hubo novedades. Habrá más en los próximos encuentros. Las más destacables fueron la presencia en la portería de Manolo, que tras un trabajo callado y responsable tuvo el premio de su debut en categoría nacional; y la titularidad de Matías, que hace cuatro años, precisamente contra el Eldense aunque en feudo contrario, había dado el salto al primer equipo. Además, tuvieron —y tendrán— mayor protagonismo futbolistas que hasta esa tarde no lo habían tenido. Este remozado Torrevieja se presentaba ante su afición con las ilusiones propias de un estreno, con el aliciente añadido de la reivindicación. Estaba claro que, si bien las exigencias no eran las mismas que antes, flotaba en el ambiente la necesidad de un refrendo. En cualquier caso, si algo había que demostrar, era el compromiso con el escudo. Y la prueba respondió con creces a las expectativas. Los resultados futuros serán buenos o malos en mayor o menor cantidad, pero se va a pelear por cada uno de ellos. Los que se han quedado están dispuestos a ganarse un sitio y a ayudar al conjunto.
Si la inspiración nunca ha de faltar, en una ocasión como la que referimos se hacía especialmente precisa. Como el recuerdo se obstinaba en las tardes de espesura, de agobios y aturullamientos, urgía erradicarlo en seguida con un remate certero. A Juande le correspondió la tarea, complementando la precisión de Ramiro y la astucia de Víctor. Un gol en menos de un cuarto de hora constituía un botín casi inédito por estos lares. Y no digamos retirarnos al descanso con ventaja de 2-0. Quiso la fortuna que el césped, que tantos disgustos nos había causado, jugara ahora a nuestro favor. Al pretender Manu dar un pase largo diagonal hacia la izquierda, un bote irregular hizo que mandara el balón a una dirección no deseada... en principio. Porque el pase frustrado se convirtió en un lanzamiento parabólico a puerta que acabó superando a un desconcertado Nico. De esta manera, el joven Manuel Martínez Barranco figurará en la historia del club como autor de un gol desde campo propio. Con lo que nos había costado atinar hasta entonces...
Imprescindible, para no complicar el resto del camino, era echar el cerrojo a nuestra portería. El Eldense dio alguna señal en ataque, acabando la primera parte y empezando la segunda, por medio de Algaba, que no alcanzaron repercusión en el tanteo. Mientras tanto, los blanquiazules, dueños del terreno y moviéndose a favor de obra, habían recobrado el sello de equipo, todos metidos en faena, que tanto echábamos de menos. Las distancias aumentaron con el testarazo de Corella —ha marcado de forma similar en dos partidos consecutivos—, de modo que la parroquia salinera se frotaba los ojos, y después las manos, aprestándose a disfrutar, por fin, de una plácida media hora final; quién lo habría adivinado, con la que ha caído en las últimas semanas. Los visitantes, ya con un hombre menos, salvarían el honor, pero no se alteraría la compostura local. Y es que se había entendido a la perfección el papel que toca desempeñar. Pues por ahí habrá que seguir tirando.
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