VA EXPIRANDO EL MARGEN
FUTBOL CLUB TORREVIEJA, 1; CASTELLÓN B, 1
Esta liga está resultando demasiado larga para el Torrevieja, que puede acabar —nos aferramos a la profesionalidad de la plantilla para mantener alta la moral, o siquiera algo de moral— desbordado por los acontecimientos. Y duele decirlo precisamente cuando nos estamos enfrentando a los rivales en teoría más asequibles. Qué quisiéramos nosotros, sino llenar estas columnas con otro tipo de pensamientos escritos; «en positivo», como dicen los modernos. Pero, por encima de los deseos, y con el reconocimiento al trabajo y la entrega —que nadie va a negarles— de cuantos se enfundan los colores blanquiazules cada domingo, nos obliga el compromiso ético de contar lo que vemos, y no lo que, con toda nuestra alma, nos gustaría ver.Incluía cualquier cálculo algunas derrotas en esta segunda vuelta, y de hecho se han producido hasta ahora sólo dos —las mismas que en la primera—, aunque estrepitosas e inoportunas; pero lo que ha agravado hasta este extremo la ya crítica situación, como se sabe, es la agónica dificultad para obtener victorias. Contra el Requena y el Catarroja, en casa, recibimos sendos avisos de lo que acaecería después. Sobre este particular, hay un dato estadístico que explica el cambio radical: si en la primera mitad del campeonato se marcaron cuarenta tantos (un promedio de casi un par por partido), en lo que llevamos de la segunda se han logrado diecisiete, es decir, un escuálido gol por encuentro, insuficiente a todas luces para un equipo que aspira a mantenerse arriba. Porque no sólo ha descendido de manera considerable el número de dianas, sino también el de ocasiones. Las segundas partes se convierten en verdaderos calvarios, en los que elaborar una jugada de ataque supone una empresa poco menos que utópica. Y el avance del cronómetro coloca un mayor lastre, que se traslada de inmediato a las botas, en el ánimo de los futbolistas salineros. Para colmo, a todo esto se añade el desacierto —y el acierto del contrario— en lances aislados que podrían dinamitar el atasco y mitigar la ansiedad. Además de salir todo mal, parece que, como en una pesadilla espiral sin fin, todo va a empeorar.
Por eso mismo, por las ganas de marcar cuanto antes para soltar la tensión acumulada durante la semana, el Torrevieja sale a disputar los primeros minutos como si fueran los últimos. Observamos prisas por sacar golpes francos, y hasta de banda, cuando no hay ningún motivo en el cuarto de hora inicial. El entrenador en funciones, Pedro Cordero, dispuso a Diego Meijide como enlace entre la defensa y la pareja formada por Borja Pando y Santi Villa, y tres puntas claros: Soriano, Polanco y Córcoles. No había dudas sobre el carácter ofensivo que pretendía proporcionarle al equipo, ni de la actitud de éste. Sobre la marcha introduciría la variante de colocar al cántabro en la línea media. La capacidad de penetrar por los flancos que se perdía quedaba compensada con la de hacerlo por el centro. Aunque se creó alguna combinación interesante, las mejores opciones llegaron con la estrategia. El Castellón B disparó a puerta por primera vez en el libre directo con que se castigó una inexistente falta de Héctor, y... para qué vamos a contarles. Fue el enésimo de los disparos lejanos que se colaron en nuestra portería esta temporada. Menos mal que Córcoles respondería de inmediato. El gol del capitán, que desbordó a su homólogo Cifuentes en una arrancada de coraje, infundió entre la fiel parroquia salinera —siempre animando— la esperanza de consumar la que habría sido cuarta remontada en feudo propio.
La incógnita del segundo tiempo empezaría a despejarse como se temía. Los visitantes recuperaban balones y se acercaban al área de Iván Vidal. Con el Torrevieja apurando en la retaguardia, varios pases largos hubieron de ser abortados por los centrales corriendo hacia atrás; y un fuera de juego al filo de la navaja evitó un susto serio. Y es que la medular local se difuminaba. Con la entrada de Ángel Iván, cuyo envío a Santi Villa pudo decantar el tanteo, y las incorporaciones de los laterales, se volvió a atacar por los costados. Pero la pelota no entró. Sólo quedaba el recurso a la épica. Iván Nuevo sustituyó a Ayala para dejar la zaga con tres hombres y acumular efectivos en el bombardeo final. Pero la pelota tampoco entró. No se discute el pundonor; sí preocupa que, tras tamaño derroche de energías, no se haya vencido a un adversario —otro más— que no pasó de ordenado y que dio la impresión de necesitar menos esfuerzos para conseguir su objetivo.
Como no es probable que el remedio a nuestras angustias venga de otros estadios, la competición exige ahora, en las cuatro citas pendientes, la consecución de un mínimo de diez puntos; o sea, tres triunfos y un empate. Calibren ustedes la «papeleta», sabiendo que en las últimas diez jornadas sólo se han ganado dos partidos; y que, luego de esas mismas diez jornadas, un equipo al que superábamos en diecisiete puntos —y que no falla, el tío— se encuentra hoy a dos. Ahí está el peligro.
No va más. Cerraremos filas. Todos a una. Sursum corda y que resistan las próximas emociones.
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