MEMORIA DE LA GUERRA DE FILIPINAS
Introduccion
MEMORIA DE LA GUERRA DE FILIPINAS
INTRODUCCIÓN
Conociendo mi afición a la historia, en el mes de mayo mi amigo Ibán Pérez Andreu me entregó 50 folios fotocopiados de una memoria escrita a mano por el Capitán de Fragata D. Enrique Rodríguez Fernández-Mesa sobre el combate naval del Cavite del 1 de mayo de 1898 y otros episodios que tuvieron lugar en Filipinas en los que participó personalmente como oficial de derrota de los cruceros “Isla de Cuba” e “Isla de Luzón” y en la segunda compañía del batallón de desembarco que se formó después del combate naval.
Capitán de Fragata D. Enrique Rodríguez Fernández Mesa, oficial de Derrota en los cruceros gemelos Isla de Luzón e Isla de Cuba en el Combate Naval de Cavite.
D. FRANCISCO JAVIER RODRIGUEZ
Para realizar las elementales averiguaciones sobre el autor de la memoria, hablé por teléfono con su nieto, D. Francisco Javier Rodríguez Mariño, marino residente en Alicante, el cual me facilitó algunos datos sobre su abuelo y su familia, aunque con algunas dudas que quedamos en verificar más adelante cuando él consultara con algunos familiares.
DATOS FAMILIARES
Capitán de Fragata D. Enrique Fernández Mesa, natural de Ceuta, casado con Dña. Ana Pérez Arriete, con la que tuvo tres hijas casadas con marinos: Carmen, casada con D. Rafael Cardín, Comandante de Ingenieros Navales. Francisca Javiera, casada con D. Adolfo Mariño Landeiro, Coronel de Ingenieros Navales que después de retirado estuvo de Inspector de buques en Alicante y Ana María casada con el Capitán de Navío D. José Luis Morales Hernández, que en su día fue Director del Museo Naval de Madrid. Según su nieto Francisco Javier Rodríguez, su abuelo D. Enrique Rodríguez Fernández-Mesa falleció en San Fernando (Cádiz) sobre los años 1937-1937. Entre otros destinos, estuvo destinado de Agregado Naval en la Embajada de España en París entre los años 1910 y 1920 y de Comandante Naval de la provincia de Alicante.
Representación del Combate Naval de Cavite
En el presente año 2009 se cumplen 111 años del combate naval de Cavite en la Bahía de Manila entre la escuadra norteamericana al mando del Comodoro George Dewey y la escuadra española al mando del Almirante Patricio Montojo Pasarón. Quisiera hacer mención que hasta el momento sabemos que al menos 10 soldados y marineros de Torrevieja estuvieron destinados en las campañas de filipinas; entre ellos, los que se relacionan a continuación y que después de regresar a España vivían en Torrevieja en el año 1947, según consta en la documentación de ese año que se guarda en el Archivo Municipal de Torrevieja, siendo esto los siguientes:
Soldados del ejercito: Salvador Tur Ibars, de 71 años de edad, jornalero, Estuvo destinado en Manila en el Regimiento de Artillería de Plaza, Antonio Gil Raja, de 71 años de edad, jubilado. Estuvo destinado en las islas en el Batallón Expedicionario nº 10. Juan García Villarrubia, de 72 años de edad, jubilado. Estuvo destinado en las islas en el Batallón Expedicionario de Cazadores. Ramón Mañogil Torres, de 74 años de edad, jornalero, estuvo destinado en Manila en el regimiento de Artillería de Plaza. José Antonio Martínez, de 71 años de edad, empleado, estuvo destinado en las islas en el Batallón Expedicionario nº 1. Sodados de Infantería de Marina: Juan Mañogil Torres, de 73 años de edad, jubilado. Estuvo destinado en las islas en el 2º Batallón del 2º Regimiento de Infantería de Marina. Emigdio Pérez Tevar, de 83 años de edad, jornalero. Estuvo destinado en el crucero “Velasco”. Marineros: Francisco Quesada Sala, de 71 años de edad, patrón de cabotaje de 1ª. Estuvo destinado de cabo de mar en el acorazado “Pelayo” y Vicente Estévez López, jubilado. Estuvo destinado en el acorazado “Pelayo”.
COMBATE NAVAL DE CAVITE
ESCUADRA NORTEAMERICANA
Número de buques: 7
La escuadra norteamericana sumaba en total 19.000 toneladas de desplazamiento con velocidades entre 11 y 20 nudos, siendo su poder ofensivo de 53 cañones de 203 mm. a 127 mm., 57 cañones de 57 mm. a 37 mm. y 10 tubos lanzatorpedos.
Comodoro George Dewey
BUQUES NORTEAMERICANOS
Cruceros protegidos “Olimpia” de 5.870 toneladas, buque insignia del Comodoro George Dewey, “Baltimore” de 4.413 toneladas, “Raleigh” de 3.640 toneladas y “Boston” de 3.189 toneladas, cañoneros “Petrel” de 892 toneladas, “Condord” de 1.710 toneladas y el Cutter “Mc. Cullorch” de 1.280 toneladas que no llegó a intervenir en Cavite.
Bajas norteamericanas 1 muerto y 9 heridos, aunque otras informaciones más veraces de otros países elevan las bajas entre 50 y 60 entre muertos y heridos. A la superioridad de los barcos norteamericanos contribuyeron de forma importante sus potentes cañones de 203 mm.
ESCUADRA ESPAÑOLA DEL APOSTADERO DE FILIPINAS
Numero de buques: 7
La escuadra española sumaba en total 14.000 toneladas de desplazamiento, con velocidades entre 11 y 15 nudos, 40 cañones de 160 mm. a 90 mm., 43 piezas ligeras entre 57 a 37 mm., varias ametralladoras de entre 25 mm. y 11 mm. y 13 tubos lanzatorpedos.
Representación del combate naval de Cavite
BUQUES ESPAÑOLES
Crucero de primera clase “Reina Cristina” de 3.520 toneladas, buque insignia del Almirante Patricio Montojo y Pasarón, crucero no protegido de primera clase “Castilla” de 3.343 toneladas con casco de madera, los cruceros gemelos de segunda clase “Isla de Cuba” e “Isla de Luzón” de 1.045 toneladas, y los cruceros de segunda clase “Don Antonio Ulloa” fondeado sin sus máquinas, “D. Juan de Austria” y “Velasco” y el cañonero “Marqués del Duero”. El Almirante Montojo informó a sus superiores en varias ocasiones del precario estado de su flota sin tener respuesta en ninguna de las ocasiones, ya que los buques españoles estaban en bajas condiciones de operatividad, especialmente en artillería y máquinas y con dotaciones incompletas. Las bajas españolas fuero161 muertos y 261 heridos.
Crucero “Reina Cristina”, buque insignia del Almirante Montojo
EL COMBATE NAVAL
Al amanecer del día 1 de mayo de 1898 cuando se encontraba frente a Manila la escuadra norteamericana comenzaron los disparos de las baterías de costa españolas que debido a la gran distancia en que se encontraban los buques enemigos no consiguieron hacer blanco. A las 5 y cuarto de la mañana comenzó el combate naval. Los buques norteamericanos comenzaron a disparar contra el crucero “Reina Cristina” buque insignia del Almirante Montojo, y contra el crucero “Castilla”. Pasó apenas unas horas la situación de los buques españoles era casi insostenible por las numerosas bajas producidas en sus dotaciones. El Almirante Montojo al ver el inminente fracaso en el combate ordenó el abandono de sus buques quitando los cierras de las piezas de artillería y abriendo los grifos de fondo para que los buques se fueran a pique. El resultado del combate naval fue una derrota absoluta de la escuadra española ya que los barcos que lograron escapar fueron hundidos intencionadamente por sus dotaciones para impedir que cayesen en poder de los norteamericanos, aunque a pesar de ello pasado unos meses, algunos de estos buques fueron reflotados e incorporados a la flota norteamericana.
Crucero “Isla de Luzón”
TEXTO DEL TELEGRAMA DEL ALMIRANTE MONTOJO INFORMANDO DE LA DERROTA AL MINISTRO DE MARINA SEGISMUNDO BERMEJO
“Tengo el sentimiento de poner en el conocimiento de V.E. que la escuadra de Filipinas ha sido destruida por la americana. A medianoche del día de ayer, consiguió forzar el puerto sosteniendo fuego con las baterías de entrada. Antes del amanecer se presentó en línea la escuadra enemiga compuesta de ocho buques. A los siete y media incendió proa el “Reina Cristina”, poco después la popa y roto el servomotor, transbordé con mi Estado Mayor al “Cuba”. A las ocho, incendiado completamente “Cristina”, igualmente “Castilla”; demás buques averiados, refugiados ensenada de Bacoor, fue preciso ir echándolos a pique para evitar cayeran en poder enemigo. A éste pidiéndole comandante general del Arsenal cesara bombardeo; puso condición quemar los buques, me consultó y acepté para evitar más perdidas de vidas y edificios. Se calcula que las perdidas ascenderán a unas 400 bajas; muertos capitán de Navío Cadarso, capellán Novo y otros. Ha sido un desastre que lamento profundamente. Lo presentí y lo anuncié siempre por la falta absoluta de fuerzas y recursos.
Manila a 1 de mayo de 1898.”
Almirante D. Patricio Montojo y Pasarón
EL CONSEJO DE GUERRA
Debido al resultado adverso del combate naval de Cavite los supervivientes españoles de la escuadra del Almirante D. Patricio Montojo y Pasarón sufrieron la amargura por haberse puesto en duda su actuación en el combate naval. En septiembre de 1898 el Almirante Montojo fue relevado de sus deberes para comparecer ante el Tribunal Militar Supremo de Madrid el 1 de noviembre de ese mismo año, siendo encarcelado en marzo de 1899 y más tarde absuelto y dado injustamente de baja en la Armada española. Entre los que defendieron a Montojo se encontraba el comodoro George Dewey que llegó a reconocer que a pesar de la antigüedad y reducida potencia de fuego de los buques españoles, el Almirante Montojo supo defenderse muy bien con los pocos medios que tenía.
MEMORIA DEL CAPITÁN DE FRAGATA D. ENRIQUE RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ MESA, OFICIAL DE DERROTA DE LOS CRUCEROS “ISLA DE CUBA” E “ISLA DE LUZÓN” EN EL COMBATE NAVAL DE CAVITE EN LA GUERRA DE FILIPINAS.
LLAMADO POR EL CONSEJO SUPREMO DE GUERRA Y MARINA
“Llamado por el Consejo de Guerra y Marina, con el fin de prestar declaración en los sumarios instruidos a los Excmos. Sres. D. Patricio Montojo y Capitán de Navío de 1ª clase D. Enrique Sostoa, en averiguación de los hechos que dieron lugar el combate naval de Cavite y rendición del Arsenal, consecuencia inmediata de la destrucción de la Escuadra.”
Dibujo del Combate Naval de Cavite
ANTE EL SEÑOR MINISTRO DE MARINA (1899)
“Aproveché mi estancia en Madrid para presentarme, cumpliendo con el gustoso deber, al Excmo. Sr. Ministro de Marina quien, con la amabilidad y cortesía que lo caracteriza, me recibió inmediatamente, enterándole a grandes rasgos de las vicisitudes sufridas durante mi cautiverio (siete meses) entre las turbas insurgentes; dicho Sr. me manifestó su deseo de que escribierse una memoria o relato de cuanto nos ocurriera, tanto a mi como a los demás compañeros de penalidades y sufrimientos.”
LA DESCRIPCIÓN DE LOS HECHOS
“Cumpliendo, pues, los deseos (ordenes para mi) de mi jefe superior, sin pretensión alguna y sin más dotes que las prestadas por la fuerza de la verdad, describiré los hechos que han quedado grabados en mi imagen, desde que salí de Cádiz (26 de enero de 1897) hasta el de mi regreso a Barcelona (11 de marzo del presente 1899) y dejando para más despacio y forma más amplia, la descripción del combate naval librado en Cavite, entre nuestra escuadra y la americana, destrucción de aquella y evacuación del Arsenal y Plaza, como consecuencia lógica, dada la posición de estas y carencia absoluta de medios con que defenderse de un poderoso enemigo, señoreado del mar y ensoberbecido con la victoria.”
EL VIAJE DE CÁDIZ A MANILA A BORDO DEL CRUCERO “ISLA DE LUZÓN”
“Salí de Cádiz a bordo del crucero “Isla de Luzón” de 1.045 toneladas de desplazamiento y un radio de acción de 1.200 millas con destino a Manila y como objeto el de reforzar la escuadrilla deficiente que allí existía, compartiendo con ella los servicios que la insurrección imponía como: vigilancia de costas, bloqueo y bombardeo de éstas en cooperación con el ejército, etc.”
EL PENOSO VIAJE
“Después de penoso viaje, tanto por las condiciones del buque en sí, como por los alojamientos que la radiación de su caldera cubierta protectora hacía inevitables, llegamos a Manila el 29 de abril, no sin tener que lamentar la pérdida de dos compañeros queridos: el Contramaestre Jacinto Calvo y un marinero que fue enterrado en Singapur. Hago notar lo del penoso viaje, porque a un crucero guardacostas y, por tanto, con pequeño radio de acción se le obligó a efectuar un viaje trasatlántico, exponiéndolo no a los azares de la mar, a que todos grandes y chicos están, sino a los naturales provinentes de sus deficiencias; demostración: Adén y Colombo, distantes entre sí 2.100 millas, teníamos pues un resto de 900 millas, para cuyo recorrido y consumo consiguiente de combustible no tenían capacidad sus carboneras. ¿Qué hacer?. Pues utilizar la cubierta y cámara de oficiales, con lo que disminuyeron aún más sus condiciones mecánicas de estabilidad y marcha; pero llegamos a Colombo, que era lo principal. Las de habitabilidad también empeoraban, pero qué importa si llegamos a Colombo.”
NAVEGACIÓN DE MANILA CEBÚ
“El 8 de mayo salimos de Manila para Cebú, después de cooperar con muestra presencia y fuerzas de desembarco, al mando del Teniente de Navío de 1ª clase Francisco Ibáñez , a la toma y ocupación de Moragoudon y Naie, permaneciendo en aguas de las Visayas hasta el 8 de diciembre que llegamos a Manila para limpiar los fondos.”
NAVEGACIÓN EN COMISIÓN DE SERVICIO PARA ILO ILO
“Días antes de la ruptura de hostilidades entre españoles y yankees salimos en comisión de servicio para Ilo Ilo, capital de la isla de Panay, por temor de revueltas que nuestra presencia, así como la del “Austria” en la de Cebú, redujeron por entonces; por orden superior telegráfica zarpamos inmediatamente para Manila incorporándonos a la Escuadra, preparándonos para el combate, pues las relaciones diplomáticas entre nuestra nación y la americana se habían roto y era el paso anterior al de las hostilidades, que tuvieron lugar el 21 de abril del año pasado (1898)”
Monumento a los héroes de Cuba y Cavite en Cartagena
LA PREPARACIÓN PARA EL COMBATE NAVAL DE CAVITE
“Asistí con mi barco siendo ayudante de derrota y cooperé en la medida de mis fuerzas y pobres dotes a la preparación y preparativos de nuestra débil escuadrilla, en vísperas de combatir con enemigo poderoso en todo concepto militar, pues por el Sr. Pastorín, Jefe de la Comisión de Marina de Hog-Kong y nuestro Cónsul en aquel puerto sabíamos de las fuerzas que componían la escuadra enemiga y sus movimientos, hasta que salió para Bahía Mill, obligado a ellos por las autoridades inglesas, que creyeron cubrir así las apariencias que les imponía las leyes internacionales de neutralidad.”
NUESTROS BUQUES
Ya listos nuestros buques para ser sacrificados, causaba pena su vista, porque, pintados de gris, semejaban estar ya cubiertos con los capuchones de los condenados a muerte.¡qué papel se reservaron los americanos en aquella lucha tan desigual, como titánica e inútil.!
EL COMBATE NAVAL DE CAVITE
“Heme allí en mi puesto de honor en los terribles momentos en que el número y calidad de buques y cañones, asi como todos los medios de ofensa y defensivos, dieron la victoria a los americanos, no queriendo la Providencia, para no faltar a la lógica, regalarnos el triunfo, pues si bien nos sobraba la razón, ellos luchaban con la fuerza y “Dios protege a los malos cuando son más que los buenos”. Sucumbimos, pues, gloriosamente.
Y , como fue previsto por todos, fue deshecha y sepultada nuestra Escuadra en la santa tumba donde yacen los héroes que, en unión con nuestros hermanos de Cuba llenaron de laureles siempre verdes las glorias de nuestra Marina y hermosas páginas a nuestra historia y del Universo. ¿Retirarse?. Imposible, pues dejamos a la “Castilla” y “Ulloa” , asi como a la batería de Punta Sangley sin apoyo: pues al fondo del mar allí nos fuimos, no sin que nuestros deficientes cañones dejaran de protestar, haciendo fuego con toda la energía que sus cargas no simultaneas permitían, y sin arriar la gloriosa enseña de nuestra Patria que nuestros pechos aclamaban; de novecientos hombres que componían nuestras dotaciones, más de trescientos pagaron con su vida o algunos de sus miembros las quijotescas pretensiones de un puñado de locos, que cuentan el poder de las escuadras por el número de unidades y no por la importancia militar de estas.”
GLORIOSAMENTE
“Digo gloriosamente, pese a los vocingleros héroes de tertulias y cafés y a los que, escudados hoy en la desgraciada imprevisión de todos y pobreza del erario español, nos arrastraron a mayores males; culpando luego a un elemento honrado que se ha sacrificado por su patria tiñendo con su noble sangre la tierra y males de países tan ingratos como Cuba y Filipinas, queriendo arrebatarnos hasta la palma de un heroico sacrificio ganada a fuerza de sangre. Y he dicho prevista, porque todos teníamos conocimiento pleno de la fuerza de nuestros medios y del enemigo.”
LOS QUIJOTES E IGNORANTES
“Sólo, pues, los quijotes, los ignorantes, los que carecen de los más rudimentarios principios de sentido práctico o el mal llamado común, pudieron tomarse ilusiones de glorias imposibles, que ha desaparecido ante los adelantos de las ciencias, borrando para siempre los tiempos de esas leyendas o fábulas épicas, que constituyen la única ilustración que hoy tratan de manchas históricas gloriosas, refractarias a tan ridículas pretensiones.”
DESPUES DE LA TERRIBLE JORNADA DEL 1 DE MAYO DE 1898
“Después de aquella terrible jornada del 1 de mayo, fecha tan memorable como desgraciada y previa orden superior del Almirante Montojo, formóse un batallón de desembarco con los restos de nuestra escuadra y marinería del Arsenal, que se dio al comandante del “Austria”, Capitán de Fragata Juan de la Concha, dignísimo jefe en que todos confiábamos y que había de repetir los hechos heroicos llevados a cabo con el barco que mandaba, mandando en tierra aquel puñado de hombres beneméritos españoles, y como segundo Jefe al Teniente de Navío de 1ª clase Pérez Moreno, que fue mi sereno y heroico comandante, mostrando en el combate y hasta el último momento las más admirable sangre fría y sin igual estoicismo.”
EL BATALLÓN DE DESEMBRACO
Este batallón que por su poca aptitud militar terrestre fue creado, primero, para que no quedase un solo brazo español sin cooperar a la santa defensa nacional, y segundo y como objeto principal, para sostenimiento del orden en Manila y defensa de la Plaza, fue desmembrado en dos compañías: la 1ª para guarnecer Nitas, mandada por el Teniente de Navío García y Álvarez y el Alférez de Navío González de Rueda y Suances, ambos valientes y dignísimos oficiales que habían puesto muy alto sus nombres en el combate naval, y la 2ª por el pundoroso e inteligente Teniente de Navío Blanco Serrano, ex-segundo Comandante de mi barco y el Alférez Martínez y el que relata, ayudante de derrota de los buques gemelos “Isla de Cuba” e “Isla de Luzón” respectivamente, para guarnecer las trincheras de la playa de Dinacayan, en el sitio conocido por los polvorines de la marina, únicas que quedaron sin destrucción de las que antes fortificaron aquel punto y que por orden superior transmitida por el General Peña todas las otras habían sido deshechas, confiando sin duda en la lealtad de los indígenas y en la paz, arreglada en regiones tan altas, que nuestra modesta vista no alcanzó jamás a ver.
Dibujo de la posición de los buque españoles en Cavite
“EN LAS TRINCHERAS DE LA PLAYA DE DINACAYAN
El objeto de las trincheras que íbamos a guarnecer y el que nos dejó nuestro jefe inmediato Teniente Coronel de Infantería Gardier, comandante militar de Cavite Viejo, era sólo el de impedir el desembarco de los americanos, por cuyo motivo y con rara previsión ante los acontecimientos que pudieran surgir, previstos y notificados por el malogrado y entendido general Peña, sólo tenía acción defensiva por la parte del mar, estando descubierta a todo ataque de tierra, o sea flancos y retaguardia; y aún esta acción defensiva por la parte del mar era ilusoria, pues naturalmente los yankees hubiesen protegido del desembarco de sus tropas con los cañones de sus buques, que a tres mil metros de nosotros estaban fondeados; destrozándonos primero y desembarcando después sin que pudiéramos oponerles más que nuestros fusiles, pues no teníamos artillería ni repuestos de municiones más que los cien cartuchos por plaza que sacamos de Manila de la Gallera, que habilitaron como cuartel de marinería que como procedentes de las municiones sacamos de los buques al ser echados a pique, unos cargadores tenían cuatro cartuchos, otros tres y algunos de las cajitas de cartón que debían tener tres cargadores sólo tenían dos y, por tanto, debe hacerse un promedio de 90 cartuchos por individuo; víveres no teníamos, ni agua, pues los aljibes estaban vacíos.”
DE MANILA A LA PLAYA DE BINACAYAN
“Salimos de Manila el 27 de mayo de 1898 a las 8 de la mañana y en el mismo día por la noche llegamos a la playa de Binacayán entregándonos el puesto un Sargento de Infantería de Marina llamado López, que con 20 hombres guarnecía aquel puesto que se retiró enseguida para Cavite Viejo, según orden que tenía del Jefe militar de aquel puesto Sr. Cardier. Al día siguiente nos deparó la suerte dos pequeños cántaros de agua que habían contenido hojaldres, únicos recipientes que existían y a ellos tuvimos que obligar nuestras necesidades mandando indios de nuestra marinería que, como conocedores del terreno, la trajesen y al mismo tiempo por temor de que si mandando un europeo fuese víctimas de algún atropello.
Por parte de los indígenas, pues nosotros teníamos la seguridad de que el país nos era hostil, porque al pasar por Parañaque, Bacoor y Dinacayán los vimos desiertos, tanto en el primer punto, como en el segundo se nos dijo por el fraile y el comandante militar Teniente Coronel Toledo sus temores de que el país se levantase, por tanto el día 28 de mayo para levantar trincheras de tierra que defendiesen un poco nuestros francos y retaguardia.”
LOS ALIMENTOS
“Este mismo día 28 de mayo se mandó al Contramaestre Bellido con hombres para que la factoría que creíamos estaría allí nos facilitara alimentos; volvió el Contramaestre con la aflictiva noticia de que en Ymus no existía factoría y, por consiguiente sin los víveres necesarios, si bien pudo recoger tres gallinas y un poco de arroz con lo que se hizo un rancho para 170 hombres que componíamos la fuerza del destacamento; volvióse a mandar al Contramaestre a Ymuz al siguiente día, con orden de que trajese todo lo que encontrase, más esta vez fue menos afortunado, pues no pudo recoger nada, pero en cambio trajo la noticia de que la columna del Comandante Pazos, fuerte de 240 hombres, había sido copada y hecha prisionera, con su jefe, por las fuerzas insurrectas que mandaba el cabecilla Trias, uno de los que tuvo a sus órdenes el General Peña como comandante de las milicias, y que con Ricarte y Baldomero Aguinaldo le impusieron a pesar de sus protestas y desconfianza.”
NUESTRA IMPOSIBLE SITUACIÓN
“En este momento hallábase con nosotros el Comandante militar de Cavite Viejo, Sr. Cardier, que en unión de un Capitán de Infantería de Marina y el del mismo empleo de Ingenieros, Sr. Ternero, vino a inspeccionar e informarse de nuestra imposible situación; y al oír la relación del Contramaestre montaron a caballo, dejándonos en la situación ya descrita.
Aprovechando aquella ocasión salí con ellos al objeto de reconocer y examinar las inmediaciones de nuestro puesto; entonces vi dos trincheras que cortaban la vereda conducentes a la calle principal del pueblo y que al preguntar su objeto , por extrañarme, se me dijo por los señores en cuya compañía iba, que acababan de hacerse para nosotros, con otra que esta enfrente de la nuestra.”
Soldados españoles en la guerra de Filipinas
SIN VÍVERES NI REPUESTO DE MUNICIONES, MEDICO NI PRACTICANTE, MEDICINAS NI VENDAJES
“Antes de continuar la relación de los hechos posteriores quiero fijar nuestra situación que por si sola se comenta. Al frente la Escuadra americana, sin tener que oponerles a sus potentes elementos más que una trinchera de tierra, nuestros pechos de granito y los fusiles de nuestros marineros; estos en una gran parte indígenas, en los que el terror de la pasada derrota y comunidad de costumbres, idioma y sangre con el enemigo borraron por el momento la fuerza moral del castila, derrotado, deshecho y humillado ante sus ojos, al pasar por los pueblos después de la evacuación de Cavite, rotos, sucios y desfallecidos por las marchas y trabajos de los días anteriores, y bajo las tristezas de una evacuación más parecida a la huida de Egipto por la atropellada forma en que se hizo; a retaguardia dos trincheras por nosotros levantadas y que dominaba el enemigo, por faltarnos tiempo para completar su poder defensivo; en los extremos de estos dos polvorines con pólvora a granel que se extendía hasta fuera del polvorín y, por último y terrible remate, un pozo con dinamita en nuestro centro; por el flanco derecho, el río Ymus, cuya orilla derecha ocupaba el enemigo, cenagosos manglares el resto rodeados de bosques de donde, así con de la orilla derecha del río, nos hacían un fuego que batía de revés nuestras trincheras; sin víveres ni repuestos de municiones, médico ni practicante, medicinas ni vendajes.”
Soldados españoles en Filipinas
LA LUCHA EN LAS TRINCHERAS
“En esta situación y como a las dos de la tarde del día 29 de mayo fuimos atacados por dos mil hombres al mando del titulado general Mascardo; desde el primer momento nos quedamos sin agua, escasez de municiones pronto la comprendió el enemigo, por lo poco nutrido de nuestro fuego, suspendido cada instante para alargar su duración : además fueron enterados por nuestros marineros indígenas de nuestras situación desesperada, así como por un barquero a quien obligué a atracar y que, reteniéndole un niño de corta edad que con él llevaba como rehén fue incitado a traernos agua que desgraciadamente no efectuó, quedando su oferta en promesa. Durante ese tiempo se le prendió fuego a un polvorín
en su parte exterior , pudiendo dominarlo gracias a la serenidad que reinó e ímprobos trabajos que impidieron que explotara y con él la dinamita y nosotros. Entre tanto con la artillería montada en las barcas , cañoneaban nuestras trincheras siendo rechazadas con aerias; y desde el fuerte de San Felipe nos enviaban continuamente proyectiles de gran calibre a la vista de la escuadra americana que, con el cobarde propósito de asegurarles el tiro, enfilaban nuestras trincheras con sus proyectiles eléctricos, dándoles así las ventajas consiguientes a un enemigo que se protegía en las sombras de esto, entregándonos a sus fuegos. Al día siguiente con las angustias de la sed, después de una noche de continuo fuego y bajo la ardorosa temperatura tropical, mandamos a un cabo de mar y doce hombre a hacer aguada; poco tiempo después, oyendo disparos hacia aquel lado, dispuso nuestro sereno Jefe Sr. Blanco que el Sr. Martínez con veinte hombres saliese a proteger la retirada de aquella fuerza y logrando su objeto dicho oficial, que por antigüedad le correspondió, no si perder seis hombre en la refriega y repitiendo el heroico proceder que tanto entusiasmo despertara en el combate naval en sus dos fases, pues sus esfuerzos en indomable valor consiguieron el salvamento de trece valientes, de un enemigo superior y conocedor del terreno; al ver la difícil situación de mi compañero, pedí y obtuve permiso de mi jefe para con veinte hombres salir a proteger la retirada de aquel puñado de héroes con sus heridos; asi lo efectué, logrando con mis fuegos entretener a enemigo del bosque, para que no fueran envueltos y siendo el último en retirarse el Sr. Martínez, que a 60 metros del enemigo, sereno e impasible, custodiaba a uno de sus heridos, a pesar de la lluvia de plomo que a su lado dejara seis hombres fuera de combate. Este distinguido oficial que el 1 de mayo hizo un derroche de heroísmo, viniendo a recogernos en un bote del arsenal bajo el nutrido fuego que la escuadra americana nos enviaba durante hora y media en el bombardeo de arsenal y resto de la escuadra, viéndonos sin botes por haberlos mandado al salvamento del “Cristina”, no ha obtenido más premio que el olvido de sus hechos y la satisfacción de su espíritu y honor, si bien es la admiración y el orgullo de cuantos vestimos el botón de ancla.”
General filipino Emilio Aguinaldo y Famy
PRISIONEROS DE LAS FUERZAS INSURRECTAS
“Sin comer ni beber pasamos los días 29 y 30 de mayo, siendo como las tres de la tarde, tomado Noveleta y Bacoor por las fuerzas insurrectas, y quedando por tanto cortada nuestra retirada. En esta disposición, desfallecidos de hambre, sed y cansancio, sin víveres ni municiones, con heridos a quienes no podíamos curar, sucumbimos agobiados por tantas calamidades bajo la condición de dejarnos libres el paso hasta el Puente de Zapote e incorporarnos a Manila, pero por poco duchos en lides de honor el enemigo, esta solemne promesa no fue cumplida, llevándonos presos a Cavite, a pesar de nuestras protestas que a poco tienen un desenlace funesto.”
EL TRASLADO DESDE CAVITE A BULACÁN
“Desde Cavile nos trasladaron a Zulacan a bordo del vapor “Bulusán”, que únicamente ostentaba en su popa la bandera insurrecta, paseándose impune por la bahía ante los americanos y otros buques de guerra representatantes de otras naciones civilizadas.”
AL PASAR FRENTE A MANILA
“Al pasar nuestro buque frente a Manila y estando ésta en el apogeo de su cerco, se me ocurrió la idea de apoderarnos de él, dirigirnos a Manila y cooperar en su defensa, llevando prisioneros a los que entonces nos conducían y que mandaba el titulado General Torres; y si bien es verdad que no teníamos armas, creía fácil suplirlas con la sorpresa, el número muy superior a la tripulación y gente encargada de nuestra custodia, el esfuerzo de la desesperación y las ventajas morales del castila sobre el indio, cuando viese que éramos hombres que nos jugábamos el todo por el todo en aquella desesperada empresa. Consultado pues con mis compañeros Blanco y Martínez, teniendo desde luego entusiasta aceptación, y con el Teniente de Navío Cuervo, ex-Gobernador Civil de Bulacán, que admitió enseguida proponiéndoselo ambos al General Peña que, como Jefe más caracterizado, había de darnos su aprobación; dicho Sr. desaprobó nuestra idea, calificando de imposible lo que sin duda nuestra sangre joven nos hacía ver fácil, aunque arriesgado y sobre todo con algunas probabilidades de dar fin a las vejaciones que sufríamos y librarnos de las futuras; pero mi idea no tuvo aceptación y no se realizó, si bien es verdad que no lo dijimos más que a unos cuantos oficiales del ejército y a unos cuantos frailes que también fueron de mi parecer, no pudiendo extender mi proyecto, porque fui notado y nos pusieron guardias de vista.”
Soldados filipinos
EN BULACÁN
“Llegados a Bulacán, nos condujeron a Manolos, donde fuimos alojados en tribunal y en común concierto con nuestros asistentes; en un principio nos pasaban un cocido que se nos suprimió al poco tiempo, no reemplazándolo por otra clase de alimento ni socorro alguno, y próxima la llegada de Aguinaldo a este pueblo se nos condujo a San Miguel de Mayumo por caminos y sementeras intransitables, hasta el extremo de llegarnos el fango hasta la cintura, si bien es verdad que, tras aquellas penosas jornadas dormíamos sobre el duro suelo sufriendo las vejaciones e insultos propios de una canalla, a quienes su reencontrado odio al castila nos hacía víctimas de sus venganzas.”
LOS SOCORROS EN METÁLICO
“Desde Manila se nos enviaba socorros en metálico sirviéndose muchos jefes de indios y babaes que, mediante una retribución importante, nos traían a veces dinero y otras se quedaban con él; valiéndose de la imposibilidad de nuestras protestas, ya en el pueblo de San Miguel fuimos sorprendidos en nuestro alojamiento por los que pretenden ser reconocidos por el mundo con capacidad moral para ser independientes; y unos con bolos y con puñales otros, robaron así los únicos medios de vida que a fuerza de trabajos y privaciones conservábamos para ayudar a los doce que nos asignaron como ración diaria y con los que nos era imposible atender nuestro sustento.”
DE NUEVO EN BALACAYÁN
“Desde San Miguel fuimos de nuevo trasladados a Balacayán por temor a que pudiéramos favorecer la actitud del cabecilla Serio, que en los montes
De Buenabató había dado el grito de la contrarrevolución; en este punto dejamos al noble y querido General Peña, siguiendo nosotros por las provincias de Bulacán y Pampanga hasta San Isidro, cabecera de la provincia de Nueva Écija. Por este camino o calvario pasamos los días más terribles de nuestro cautiverio, y sobre todo el pueblo de Arayat
dejó recordación en cuantos componíamos aquella infeliz caravana, pues al llegar fatigados del camino emprendido en lo más ardoroso del día y extenuados por el hambre y la sed, se nos alojó en el portal o zaguán del convento habilitado de comandancia militar de aquellas turbas, y viviendas del titulado coronel Simeón Carrete, quien al pasar entre nosotros en compañía de otro de su especie la emprendió a palos con un dignísimo oficial de infantería, cuyo distinguido comportamiento en las acciones libradas contra los insurrectos, al emprender la retirada las fuerzas del Comandante Génova en su evacuación de Nueva Écija, había recibido entusiastas plácemes de dicho jefe y de más compañeros de armas.”
Representación del combate naval de Cavite
NO HAY PLUMA CAPAZ DE CONSIGNAR AQUELLA DOLOROSA ESCENA
“No hay pluma capaz de consignar aquella dolorosa escena, que hizo derramar lágrimas de indignación y rabia a cuantos la presenciamos, hombres todos que habíamos expuesto cien veces la vida en los azorosos días que precedieron aquella situación. Después de estas hazañas, aquellos titulados oficiales nos trasladaron al tribunal, donde los frailes sufrían crueles y diarios martirios; dándonos por alojamiento el portal y como cama para el descanso de nuestros fatigados miembros el enlosado suelo, pasando sin comer, y entre nuestro pobre equipaje que a hombros llevábamos aquella noche, que parodiando al gran Cortés podríamos llamar triste, por sobresalir de las demás, pues éstas tampoco fueron alegres. Por último llegamos a San Isidro y, previo registro ordenado por Aguinaldo para quitarnos con el dinero los medios de evasión, quedamos al socorro de las seis y dos chupas de palias que nos pasaba el titulado gobierno dictatorial.”
LA EVASIÓN
“En esta desesperada situación vino de Manila una mujer que, enviada por D. Juan de la Concha, traía la misión de procurar la libertad de los tres oficiales de Marina que allí yacíamos y que, comprando al cabecilla Llanera por 1.500 pesos, nos facilitó la evasión, sin responder de los incidentes que la suerte nos deparara hasta nuestro arribo en Manila; salimos escondidos en un carromato el 29 de diciembre de 1898 en compañía de los Capitanes Roldán y Alarcón, pues por dificultades metálicas surgidas a mis otros dos compañeros aplazaron su fuga hasta después de nuestra llegada a Manila, quedando yo encargado de arreglar el asunto y encontrando decidida protección y apoyo en los Sres. Ponte, dignísimo ex-promotor fiscal de San Isidro, querido por su intachable conducta hasta por nuestros enemigos, Capitán de Ingenieros Sr. Castañoso y el del mismo empleo de Infantería de Marina Sr. Rodríguez, pues todos
adelantándose a mis gestiones, sacaron a 11 compañeros de Infantería entre los que se encontraban los Sres. Blanco y Martínez, mi querido amigo, y D. Carlos Dupug de Some, ex-Gobernador Civil de Nueva Ecija, persona que por sus excepcionales dotes de mando y honradez acrisolada, se hizo respetar hasta en aquellos momentos por los que cometían a cada instante atropellos e infamias sin cuento. Llegamos pues a Manila los tres primeros, a quienes la suerte, cansada de sernos adversa, se decidió al fin a nuestro favor dejándonos llegar a dicho punto, en que esperados por Eduardo Llanera, hijo del jefe de Nueva Ecija, nos condujeron a una pequeña barca, en la que tendidos a lo largo para ocultarnos de las orillas del río grande de la Panpanga, llegamos por esta vía tras veinte horas de marcha a la estación de Calumpio, en la que metidos en un vagón de primera clase y en un retrete llegamos a Manila sin novedad, aunque pasando los sustos consiguiente por los registros que en los trenes hacía, para evitar evasiones.”
Representación de la escuadra norteamericana en Cavite
EN MANILA
“Ya en Manila entregué los 550 pesos estipulados por mi libertad y gastos de viaje, pues a pesar de que el trato fue hecho con una gente que jamás cumplía sus compromisos, no quise ponerme a su altura, además me obligaba al cumplimiento de lo pactado la suerte de mis compañeros que aún permanecían entre sus manos. Lo mismo obraron mis compañeros de evasión, adquiriendo con esto fuerza moral bastante para conseguir libertad a los once compañeros más llegados a Manila el 22 de enero de 1899, pues previendo el rompimiento inmediato de tagalos y yankees reiteré a estos la necesidad de salir de aquella situación lo antes posible, pues de lo contrario hubiesen sufrido las consecuencia de una guerra que empeoraría aún más la situación, por el aislamiento a que se verían reducidos, haciendo aquella desesperada; tuve el gusto de abrazar a los que en los tristísimos días de cautiverio había llamado amigos queridos, viniendo además de los Sres. Blanco, Martínez y Dupuy, el Capitán de Ingenieros D. Marcelino del Río, ilustradísimo oficial y tan noble y valiente que siempre recordaré con el cariño a que sus prendas de carácter hizo acreedor, el Capitán de la Guardia Civil Sr. Belloto, hombre temido y respetado por los indígenas por su valor rayano en el heroísmo, así como por su honradez acrisolada, y en fin hasta 11 más infortunados oficiales de quienes toda mi vida recordaré las pruebas de cariñosa amistad que de ellos recibí.”
EL DESTACAMENTO DE BALIE
El Sr. Belloto, entre otras vejaciones, fue obligado a parlamentar con el destacamento de Balie afín de convencerlos intimándoles a entregarse, pues estos sufridos y valientes soldados permanecieron como en un oasis nacional en que ondeaba nuestra querida enseña y, aunque tenían víveres para un año y muchas municiones, no por esto es menos digna su conducta, por el tesón demostrado al defender aquel puñado de tierra que aún era española. Excusado decir que el Sr. Belloto no cumplió aquella a que fue obligado y cuando salí de Manila continuaba en su puesto en aquel heroico destacamento.”
LA SITUACIÓN DE LOS SOLDADOS PRISIONEROS
“Lastima grande es que mi mal cortada pluma no pueda describir las dolorosas escenas a que dan lugar la situación de los soldados prisioneros, pues sometidos a trabajos fuertísimos y sin más alimento que un puñado de morisqueta y pescado seco, se apodera de ellos con tal intensidad los dos enemigos más terribles del país, que son la anemia y la disentería, sucumbiendo por centenares aquellos infelices a estas dos calamidades, extremadas aún más por los malos tratos, pues, no una vez sola, hemos visto llegar a nuestra puerta soldados con sangre en sus vestidos, de palos que recibían de los indios que los tenía a su servicio y los llamaban su castila como podían decir su carabo o su caballo, no extrañándose pues en su desesperación se vean precisados a combatir a los yankees, tanto para, ya de morir, hacerlo peleando antes que sucumbir de hambre, como por ver si en la revuelta pueden lograr su evasión. Trabajé también para lograr la del General Peña, más si resultado, pues dicho señor me escribió diciéndome que suspendiese mis gestiones hasta que me avisase. También procuré la de su compañeros Sres. Pineda, Preysler y Gener, pero estos por comprometer su palabra de honor de no escaparse y aquél, porque después de logrado su traslado a Santa Ana para desde allí traerlo a Manila, fue internado al romperse el día 4 de febrero de 1899 las hostilidades entre yankees e indios, y perdido cuanto trabajé y gasté de mi bolsillo de dinero, que en mi nombre pedí al Estado Mayor y del cual respondo consistente en 300 pesos.”
OBSERVACIONES PERSONALES
“De mis observaciones personales creo poder asegurar que los americanos tienen para rato en su proyectada conquista, pues los indígenas cuentan con medios bastantes para hacer una prolongada y enérgica defensa; también decían ellos que contaban con la protección de Alemania y Japón, pero esto no solo no puedo asegurarlo, sino que no lo creo en absoluto; en una palabra que hoy podemos los españoles gozar del espectáculo viendo cómo se suman las bajas de indios y yankees, que para nosotros todas son bajas de enemigos.”
RESUMIENDO
“Resumiendo diré que he perdido toda mi pobre hacienda consistente en mi equipo, dinero, libros e instrumentos profesionales, en el combate naval primero, y en mi evasión de San Isidro lo que nuevamente me hice en Manila tras el combate naval. He pagado 550 pesos para libertarme allegados de mis sueldos durante los 7 meses de cautiverio ; me robaron 382 pesos que el Teniente de Navío D. José Núñez mantenía guardados y que su criado se llevó en unión a sus alhajas y dinero, lo cual tendré que abonarle, porque él lo buscó para reponerlo y pagar mi rescate, y 300 pesos que el Estado Mayor me adelantó para mis gestiones particulares y a los que naturalmente he salido garante ; y para acudir a tantos compromisos me encuentro con mi sueldo de 37 duros y medio con el descuento del 11% , y he sacado de la campaña la medalla de “Luzón”, como recuerdo vivo de mis infortunios, la vida y el honor.”
LOS HÉROES DE BALER
“No quisiera finalizar este artículos sin mencionar a los héroes de Baler, los últimos de Filipinas que cuando la guerra ya había acabado, en ese pueblo de la Isla de Luzón situado en la costa oriental opuesta a Manila, aislado por montañas y bosques, un destacamento de 50 valientes soldados españoles del destacamento de cazadores, al mando del Capitán D. Enrique de las Morenas y Fossi, atrincherados en la iglesia del pueblo y rodeados de 800 sitiadores, resistió durante 337 días el asedio de una fuerza muy superior, no deponiendo las armas hasta convencerse que la guerra había terminado por algunos ejemplares de periódicos de España que sus sitiadores les hicieron llegar a sus manos, finalizando su gesta con una honrosa rendición el 2 de junio de 1899, trece meses después de la derrota de Cavite. Cuando se decidieron a capitular salieron desfilando mientras los sitiadores les presentaban armas, incluso el general Aguinaldo, siendo presidente de la República Filipina, en un decreto de fecha 30 de junio de 1899 hizo mención a los defensores de Baler diciendo “que se habían hecho acreedores a la admiración del mundo”.
Soldados supervivientes del destacamento de cazadores de Baler
LETRA DE LA CANCIÓN LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS
Yo te diré,
por qué mi canción,
te llama sin cesar:
me faltan tus risas,
me fatan tus besos,
me falta tu despertar.
Cada vez que el viento pasa
se lleva una flor...
Siento que nunca volverá
tu amor...
No me dejes nunca sola
al atardecer...
Que la luna sale tarde
y me puedo perder.
Y ya sabrás
por porqué mi canción
te ronda sin cesar:
mi sangre latiendo,
mi vida pidiendo
que nunca me dejes más.
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