Torrevieja.com - Diario digital de Torrevieja y Vega Baja: Cumplido el primer tercio del campeonato, el Torrevieja Club de Futbol se coloca en un meritísimo tercer puesto. Cumplido el primer tercio del campeonato, el Torrevieja Club de Futbol se coloca en un meritísimo tercer puesto. ================================================================================ Redacción on 15/11/2006 Cumplido el primer tercio del campeonato, colocado el equipo de nuestros amores en un meritísimo tercer puesto, y resuelto con éxito otro enfrentamiento contra un candidato a la promoción, en las peores condiciones hasta la fecha en cuanto a disponibilidad de efectivos —sobre todo de vanguardia—, es precisamente cuando más cautela hay que mostrar con los vaticinios apresurados para no levantar vanas expectativas. Además, nos va en ello la palabra empeñada en verano. Y como lo escrito no se lo lleva el viento, si quienes leen guardan los papeles para posteriores revisiones, no vamos a ofrecer la posibilidad de que se nos tache de vendedores de humo. Golpe a golpe, verso a verso. La precariedad previa al comienzo del partido se acentuó a los pocos minutos al ponerse el tanteo en contra. Otro libre directo lejano, otro jarro de agua fría que obligaba, como en Crevillente, a remontar para lograr la victoria. Con las diferencias de la calidad del contrincante y de que sólo Polanco ocupaba posición de delantero en el equipo titular. El Burjasot aprovechó el mazazo anímico y tuvo oportunidades para marcar de nuevo. Pero como las desgracias nunca vienen solas, tampoco en tan importante encuentro nos libramos de la lesión: ahora fue Julián Domínguez, cuya cabeza quedó aprisionada entre las piernas de Quique Medina, el que emprendió el camino de los vestuarios antes de tiempo, y transportado en camilla. De momento, el susto. Y luego, la preocupación. Porque su sustituto, entre algodones, estaba en principio reservado para la segunda parte. Completaba el periodo de recuperación y Rojo, visto lo ocurrido con Soriano hacía cuatro días, no quería arriesgar. Reestructuración del esquema, con Borja Pando —goleador de emergencia— de vuelta al pivote. La cuestión es que Córcoles resultaría una pieza fundamental en los acontecimientos inmediatos. Toque maestro en la jugada del penalti, la auténtica clave del partido, por suponer el empate y la expulsión de Amarilla. Y todo ello, poco más de un minuto después de que Iván Vidal le ganara a Puchol un mano a mano que pudo decidir para los valencianos. Los vaivenes del fútbol esta vez nos favorecieron. El fulminante vuelco anímico cundió asimismo en la grada, tan participativa como antes, pero de otra manera. Los gritos de apoyo a su equipo ya no pretendían levantarle la moral, sino acompañarlo en la reacción. Y no dejaban de presionar a los visitantes. El Torrevieja parecía buscar el segundo tanto inmediatamente, con demasiadas ansias, queriendo encarrilar pronto. Fue el mismo Cabezuelo quien pidió calma a sus hombres, pues estaba acabando la primera parte, no el partido. Procediendo con orden, la ventaja numérica sobre el césped habría de traducirse en ventaja en el marcador, lo que interesa a fin de cuentas. Otra arrancada de fuerza de Roberto Carlos con destino a Córcoles consumó tales propósitos. El Burjasot, aunque no aparentaba capacidad de respuesta y pese al trance por el que atravesaba, aún podía dar quebraderos de cabeza por la clase que atesoran sus jugadores. De ahí que los salineros dedicaran unos minutos a aumentar la renta y el resto a guardar la viña, preparado para el contragolpe. Fundamental la tarea de Raúl Manrique, anticipándose a la construcción de la media valenciana. Alguna que otra falta para cortar el ritmo, que acarreaba la rapidez con que los gualdivioletas recurrían al envío largo sobre el área. Entonces le correspondía el turno al coloso Diego Meijide, muy bien acompañado por Jose Munera. No pocos balones hubo que achicar, con la subsiguiente incertidumbre. Pero la defensa volvió a su firmeza habitual y no permitió ningún resquicio. En esa fase lamentamos no haber transformado las claras ocasiones para estar libres de contingencias. El entrenador local agotó las sustituciones —apenas había podido completar la lista de dieciséis— para proteger al amonestado Higuera, aumentar la altura de la defensa y, por qué no, robar unos segundos preciosos al reloj, haciendo debutar a dos jóvenes canteranos en tan delicados momentos. Hasta el último suspiro, con el golpe franco relativamente cerca de la frontal que lanzó alto Migue, nadie respiró tranquilo. Sirva el sufrimiento, más latente que real, para valorar y saborear más este triunfo, de cuya trascendencia huelga añadir nada, pues basta ojear la clasificación. El cuarto y el quinto quedan ahora a una diferencia de cuatro puntos, no decisiva a estas alturas pero sí significativa de cómo va —desde luego, muy bien para nosotros— el torneo. Haciendo cálculos para cuando se recuperen los lesionados, si reina este magnífico ambiente en el vestuario, si la afición no desmaya, si el rumbo no se tuerce, podríamos estar al final... No, no. Silencio. Empeñamos la palabra. Formalidad. Mesura. Circunspección.