DEVOLUCIÓN DE VISITA
HORADADA, 2; FUTBOL CLUB TORREVIEJA, 3
Si la primera conversación con una persona a la que acabamos de conocer nos ofrece una impresión general, buena parte de ésta vendrá aportada por el final. Podemos haber charlado con un interlocutor culto, sincero, respetuoso y cordial, pero si justo antes del saludo de despedida emite una frase, sólo una, con cuyo contenido no congeniamos, nuestra opinión habrá variado ostensiblemente. Algo semejante ocurre con quien se desvive en favores con el prójimo hasta que, porque no le es posible o porque le viene más cuesta arriba de lo habitual, decide dar una negativa. En el acto quedará como un ser rayano en lo despreciable. Haces todas y no haces una, no has hecho ninguna. Resulta paradójico que suceda otro tanto con el proceder contrario. Cuando una bronca de pronóstico termina con una palmadita de ánimo o de comprensión, se dulcifica la imagen del ogro. Veleidades de la psicología humana, que a veces no mide las proporciones, sino los momentos; ni los quereres ajenos, sino las conveniencias propias.¿Y qué relación guarda esto con el fútbol, y en concreto con el partido disputado el domingo en el Ikomar y su comentario?, se preguntarán los lectores que hayan tenido la paciencia de llegar hasta aquí. Puede que nada o puede que mucho. El Torrevieja dio una imagen de conjunto dominador, seguro de sus posibilidades y del camino que debía emprender para superar al rival, atacando sin apenas tregua. Con Raúl Manrique entregado también a la labor de construcción, y acompañado por un Borja Pando más cómodo en su posición natural, los salineros se apropiaron del campo. Rojo introdujo varias novedades en el once inicial, la más destacada en el interior derecho. Ángel Iván, que sólo había sido titular en la decimocuarta jornada, se destapó como un digno sustituto de Nico por esa banda, dándoles una satisfacción a su míster y a sus seguidores. Con la calidad contrastada de Santi Villa por el otro lado y el refuerzo de Iván Nuevo en la vanguardia, la disposición cambió notablemente si la comparamos con la de otros desplazamientos: ahí teníamos —¿por fin?— a un equipo ganador por vía directa.
Como en defensa no había fisuras, y suponiendo que se siguiera la línea marcada, empezarían a sumarse goles en la portería de Antonio sin excesivos problemas. Por su parte, el Horadada se mantenía bastante alejado de Iván Vidal. Y claro, como se mantenía alejado, pues desde lejos hubo de intentarlo. El recurso pilareño consistía en provocar faltas para simplificar el argumento. Y así, desde lejos, acaeció la sorpresa, el suceso improbable, entre las dos jugadas visitantes por los extremos que trasladarían al marcador lo que veíamos primero y adivinábamos después. Los pocos envíos largos hacia el área salinera fueron resueltos sin amago de agobio. Delante maduraba la tercera fruta, que caería del árbol en forma de penalti. La contienda no parecía deparar más emociones, entre otras cosas porque el Torrevieja se desenvolvía con total autoridad y al contragolpe disfrutaba de claras opciones para aumentar el tanteo. Impecable el planteamiento, lograda la ejecución, satisfactorio el desarrollo.
Nadie esperaba un contratiempo importante. Pero nos vino, cómo no, desde lejos. Otra vez desde lejos. Dichosa lejanía. Para más inri, con el recuerdo fresco de la acumulación de episodios adversos de la semana precedente. Y con la ocasión de Polanco increíblemente malograda, en lugar de devolver la serenidad. Lo que el Horadada no había conseguido en todo el encuentro, es decir, penetrar en campo contrario con el balón controlado, lo consiguió en esos minutos postreros, ayudado en los saques de banda por las reducidas dimensiones del terreno. Roberto Carlos resolvió un barullo; Diego Meijide, con su presencia, impidió a Dani —que debería haber visto la segunda tarjeta con anterioridad por una dura entrada a Santi Villa— completar un cabezazo de Molina; y nuestro lateral derecho, más cauto, impidió una repetición de la jugada en el último suspiro del encuentro. Tan atropellado final, con sustos incluidos, no debe alterar la positiva opinión global. Como tampoco el merecido elogio por un trabajo bien realizado ha de interpretarse mal por una pega, y además justificada, que se le ponga. El campeonato está en su tramo decisivo y los de arriba amarran. Esta misma jornada han vencido los cinco primeros clasificados. Si el Torrevieja aspira a cotas que no vamos a nombrar aún —por si llegara a demostrarse científicamente la veracidad de las supersticiones—, no puede pasar por tamaños trances.
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